El té y el hogar interior

Como migrante, me ha tocado reflexionar varias veces en el último año sobre el significado de la palabra hogar.


Debido a circunstancias de vida muy particulares, nunca sentí un lugar como mío, hasta que ya en mi adultez pude contribuir en la compra de la casa familiar. Sin embargo, la sensación se desvaneció al poco tiempo: aunque mi patrimonio estaba invertido allí, ese no era mi hogar; era la casa de mis padres.


Tiempo después, comencé la aventura de vivir en pareja. La complicidad que se genera en una relación saludable aumenta significativamente con la convivencia si el espacio da para ello. Y ese lugar, su rosal en la entrada, las tardes de té y el intento de mini huerto urbano definitivamente ayudaban.


Pero como la vida es un cambio continuo, ese lugar tampoco resultó ser mi hogar.


Desde hace más de un año vivo en otro país y aunque tuve la suerte de encontrar un lugar cómodo para vivir, es tan solo el primer paso para lograr una verdadera independencia.


Las lecciones que me ha dejado este periplo no han sido pocas, y una de ellas tiene que ver con reconocer que el hogar significa cosas distintas para cada uno. Sin embargo, cuando aprendemos a habitarnos y a hacer de nosotros nuestro propio hogar, la angustia existencial sobre nuestro sentido de pertenencia se desvanece (un poco).


Otra de las cosas de las que me he dado cuenta es que el té ha estado presente desde que comencé a construir mi idea de hogar: un par de años después de la compra de la casa familiar, yo estaba haciendo espacio en la cocina nueva para guardar mis primeros accesorios de té.


Cuando me mudé a vivir con mi pareja de entonces, tomábamos el té en un set que nos regaló su madre. Y en ese nuevo hogar temporal también tuve que hacer espacio no solo para el té, sino para un emprendimiento que, aunque nunca salió a la luz, estaba vinculado directamente con esta bebida que se convirtió en mi pasión.


El día que me instalé formalmente en el lugar en el que ahora vivo, lo primero que hice fue ordenar mi kit de cata y mis guías de té. Y cuando la depresión apareció en el panorama, las tardes de estudio del té me rescataron varias veces del abismo.


Así las cosas, el té se ha convertido en una compañía silente y generosa a lo largo de este viaje de autodescubrimiento. Ha sido mi maestro y mi refugio, ha sido el catalizador de grandes cambios personales y espero que siga siendo una fuente de múltiples satisfacciones.


Hoy en día, un poco más serena después del tornado emocional que implica la migración para algunos de nosotros, comienzo a reconocerme como mi propio hogar, y el hogar de todo aquel que quiera compartir un cuenco rebosante de buen té.

Y para ti, ¿Qué es el hogar? ¿Dónde está? ¿Qué significa?

Que la calidez del té nos habite y sepamos ser hogar para nosotros y para los otros.

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